Bitácora de un día de estudio en zonas de humedales de los departamentos de Antioquia y Santander

Al finalizar el primer semestre de 2015, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) le hará entrega al Instituto Alexander von Humboldt los resultados de los levantamientos de suelos en aproximadamente 2,6 millones de hectáreas en los humedales colombianos, los cuales serán delimitados para prevenir su extinción.

Barrancabermeja, conocida por ser la ciudad petrolera de Colombia y por contar con una temperatura de hasta 40 grados centígrados, es el punto de encuentro donde varios expertos del IGAC se alojaron mientras desarrollaron la laboriosa tarea de estudiar los suelos en algunas zonas aledañas de humedales en los departamentos de Santander y Antioquia.

A las 8 de la mañana, cuando el sol aún es piadoso y alcanza a sentirse una fresca brisa, edafólogos del IGAC y cadeneros (habitantes de estas zonas que se encargan de abrir los huecos) se arman de botas pantaneras, cachuchas, bloqueador, repelente, mapas, palas, picas y barrenos para dirigirse hacia Yondó, municipio del departamento de Antioquia ubicado a media hora de “Barranca”.

Antes de adentrarse en las encharcadas zonas pantanosas para corroborar si cuentan con características de humedales, los expertos analizan los mapas y definen la agenda del día, la cual pinta calurosa ante la ausencia de alguna nube y de frondosos árboles que puedan dar sombra.

Luego del análisis cartográfico, dos camionetas 4×4 empiezan la travesía hacia los “manglares” de Yondó, los cuales cuentan con exceso de cultivos de palma de aceite y presencia de ganado bovino y búfalos.

Hacia las 9 de la mañana, el espeso barro en las trochas hace imposible que los vehículos sigan su trayectoria, lo que indica que es momento de empezar a caminar. Con el paso de las horas el sol se vuelve más picante y el ganado se adueña de las pocas sombras que dan las palmas.

Uno de los predios Ecopetrol, que antes era utilizado para cultivar arroz, fue el escogido para hacer el estudio. Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, la meta es analizar 150 mil hectáreas de humedales en varios municipios de los departamentos de Antioquia, Santander, Bolívar y Cesar, como Yondó, Puerto Berrío, Barrancabermeja, San Alberto y Canta Gallo.

Uno de los cadeneros toma el barreno, un estilo de pala que puede sacar muestras profundas del suelo, y empieza a hacer varios huecos en el terreno, el cual debido a las lluvias hace que las botas pantanderas se entierren y no se alcancen a divisar.

Cada muestra del suelo es analizada detalladamente por los expertos del IGAC. Solo basta con palpar y mirar los colores de la tierra para empezar a concluir qué tipo de terreno es.

La tierra es muestreada a diferentes niveles de profundidad. Primero salió semejante a una plastilina, para luego tomar matices rojizos y óxidos mezclados con arenas. Esto indica que antes de que llegaran los cultivos era una zona de humedal, razón por la cual el IGAC dictamina que son suelos clase 5, es decir para la conservación ambiental.

El agua presente en las muestras aumenta con el nivel de profundidad, lo que indica que son zonas de amortiguación, que están siendo manejadas incorrectamente y mal drenadas por los agricultores para los cultivos de palma.

Todas las muestras tomadas son enviadas al Laboratorio Nacional de Suelos del Instituto, donde se conocen aspectos físicos, químicos y biológicos.

Con los barrenos se conoce a primera vista si una zona cuenta con características de humedal. Si el veredicto es positivo, el paso a seguir por el IGAC es realizar una calicata, un gran hueco en la tierra de hasta 1,20 metros de profundidad que permite ver a mayor detalle la textura y la presencia de limos y arcillas; este proceso puede tomar horas, dependiendo si el clima es piadoso y no comienza a llover.

Brazo del río Magdalena Mientras uno de los cadeneros realiza la calicata, la comisión del IGAC se dirige hacia el río La Rompida, uno de los brazos del río Magdalena. Son casi las 12 del mediodía, y el sol no tiene clemencia con los trabajadores. El plan de trabajo consiste en analizar varios puntos: a pocos metros de la carretera, a 30 metros del río, en algunas zonas quemadas, y en una pequeña montaña. Esto servirá para concluir si la zona debe ser tratada como un humedal o si se pueden desarrollar actividades agropecuarias que no pongan en aprietos al ecosistema. En el punto más lejano, la abundante arena del suelo indica que la zona no se inunda muy a menudo cuando se desborda el río, posiblemente por los diques elaborados para retener el agua.

En la zona quemada artificialmente la textura del suelo es distinta. Al no contar con depósitos de agua y por ser una tierra más compacta, el IGAC dictamina que actualmente no se trata de una zona de humedal, principalmente por las afectaciones de los búfalos y vacas. A la orilla de La Rompida fue instalado un dique para evitar su desbordamiento, lo que hace que en épocas secas el terreno se vuelva árido. Sin embargo, en otras muestras tomadas en sitios exclusivos para la ganadería fue evidente la presencia de agua y de suelos con colores rojos, lo que indica que un mal uso del suelo. “Debería ser aprovechado con cultivos como por ejemplo arroz, no para la ganadería”, concluyó el IGAC.

Este proceso, en el que se tomaron 7 muestras del suelo, se prolongó hasta las 4 de la tarde. Con el sol perdiendo sus picantes rayos y con la bienvenida de un refrescante viento, el equipo del IGAC guarda sus materiales y empieza la travesía de regreso en las camionetas 4×4 hacia la ciudad de Barrancabermeja. Entrada la noche, el trabajo continúa en cada uno de los hoteles donde se hospedan los expertos del IGAC, en donde interpretan toda la información tomada en las calurosas llanuras, que es enviada a la sede central en Bogotá.

Con el trabajo cumplido, los expertos se alistan para tomar un descanso y se preparan mentalmente para un nuevo día. Tal vez el sol vuelva a ser insaciable y penetrante, o puede esconderse y darle paso a las lluvias, que en zonas del país como esta complica aún más el ingreso para desnudar los suelos de los humedales colombianos. 2015, año de la delimitación Este año, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi se dio a la tarea de continuar con el estudio semidetallados de suelos en 3,8 millones de hectáreas en áreas de influencia de páramos y humedales en todo el país.

Según Germán Darío Álvarez, Subdirector Nacional de Agrología del IGAC, de este total 2,2 millones de hectáreas aproximadamente, corresponden a zonas asociadas a humedales incluyendo sectores que fueron afectadas por el Fenómeno de La Niña entre 2010 y 2011. Este estudio, el cual está a punto de culminar, será entregado al finalizar el primer semestre de 2015 al Instituto Alexander von Humboldt, entidad que se encargará de realizar la delimitación, tanto en humedales como páramos.

“El IGAC le hará entrega al von Humboldt de una memoria técnica en formato digital e impreso, con los anexos de laboratorio y los perfiles obtenidos, y toda la información cartográfica. Estos insumos permitirán identificar qué zonas deben ser protegidas y en cuáles se podrían adelantar otras actividades, que no representen un riesgo para la sostenibilidad ambiental del país”, apuntó Juan Antonio Nieto Escalante, director general del IGAC.