Ganadería, el “común denominador” en las tierras del Casanare

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Así lo indica el “Estudio general de suelos y zonificación de tierras” realizado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) en este departamento de la Orinoquia colombiana, el cual será lanzado oficialmente este viernes 25 de septiembre en la ciudad de Yopal.

IGAC, septiembre 23/2014.- La Orinoquia colombiana es ampliamente conocida por sus extensas llanuras, sus caudalosos ríos, los melodiosos cantos de sus aves y su tradicional y enseñadora música.

Sin embargo, el mayor atributo por el que es reconocida esta zona del país es el ganado bovino que decora sus fincas, el cual es criado para producir “la mamona”, el principal plato típico de la región, y también para realizar una actividad cultural única de la región: el coleo.

Casanare no es la excepción a este “panorama vacuno” de la Orinoquia. Es más, un poco más de la mitad de las 4,4 millones de hectáreas que conforman su toda su área de extensión cuenta con una vocación ganadera.

Según el “Estudio general de suelos y zonificación de tierras” a escala 1:100.000 del Casanare elaborado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, el 54,27 por ciento del departamento (2.401.901 hectáreas) corresponde a tierras con vocación ganadera.

La mayoría de estos terrenos son aptos para establecer sistemas productivos pecuarios con pastoreo intensivo de clima cálido (49,39 por ciento del Casanare), mientras que en un poco más de 4 por ciento se permite el pastoreo semi intensivo.

Entre tanto, tan solo el 8,79 por ciento del Casanare cuenta con terrenos aptos para el desarrollo agrícola, es decir que se puede cultivar en 388.945 hectáreas. Los suelos más fértiles se localizan sobre los valles de los ríos Casanare, Ariporo, Pauto, Cravo Sur, Cusiana, Túa y Upía.

De este total, en el 5,53 por ciento (244.907 hectáreas) se puede desarrollar cultivos transitorios semi intensivos como arroz de secano, maíz, frijol, pimentón, tomate, melón, sandía, maracuyá, ahuyama, ají, cilantro y yuca; en el área restante tienen cabida cultivos permanentes intensivos como naranja, limón, aguacate, plátano, mango, mamoncillo, papaya, palma africana y aceite, tabaco y piña.

Las actividades agrosilvopastoril y forestal también pueden estar presentes en los suelos del Casanare, ya que el 4,74 por ciento de sus suelos cuenta con vocación para tales fines.

“Por las características de sus suelos, Casanare tiene un potencial enorme para desarrollar áreas de producción agrícola, ganadera y forestal de una forma sostenible, ya que sumadas las hectáreas aptas para cultivos, ganados y desarrollos forestales abarcan el 67,8 por ciento de todo el departamento”, apuntó Juan Antonio Nieto Escalante, director general del IGAC.

Todos los datos, estadísticas y resultados sobre los suelos del Casanare serán revelados por el director general del IGAC este viernes 25 de septiembre en la ciudad de Yopal, cuando el Instituto realizará el lanzamiento oficial de este estudio general.

Al evento, que se realizará en La Triada a partir de las 2 de la tarde, asistirá el Gobernador del Casanare, alcaldes, concejales, diputados, dirigentes gremiales de los ganaderos, arroceros, palmeros y caucheros, y decanos y representantes de universidades con carreras afines al manejo de los suelos.

“El estudio de suelos del Casanare ve la luz en una fase importante del desarrollo del departamento, especialmente en el campo petrolero; ya que la Orinoquia está en la mira de los inversionistas nacionales y extranjeros para impulsar la producción de biocombustibles en grandes plantaciones de cultivos como palma de aceite y caña de azúcar. Estos proyectos agrícolas requieren identificar los impactos ambientales y conocer detalladamente el componente suelo y sus interacciones con el medio natural, factores que están contemplados en esta publicación”, señaló el director del IGAC.

1,2 millones de hectáreas se deben proteger

Además de las zonas para la ganadería y agricultura, el estudio de suelos del IGAC identificó aquellas que son intocables por su importancia ecosistémica, que se denominan áreas para la conservación y protección ambiental.

En Casanare, estas áreas abarcan el 28,3 por ciento del departamento (1.276.510 hectáreas), conformadas por humedales, ciénagas, pantanos, lagunas, lagos, ríos, Parques Nacionales Naturales, Reservas Forestales Protectoras y territorios de conservación y recuperación de suelos.

Este departamento “llanero” alberga parte de dos Parques Nacionales: El Cocuy y Pisba, y la Reserva Forestal Protectora Quebrada La Tablona.

51.862 hectáreas están constituidas por humedales, ciénagas, pantanos, lagunas, lagos y ríos (1,17 por ciento), mientras que los bosques de galería o zonas con vegetación pantanosa albergan 850.321 hectáreas (19,21 por ciento).

“No todos los suelos del departamento son aptos para el ganado o los cultivos. También cuenta con más del 28 por ciento de suelos que deben ser protegidos y conservados, ya que son ecosistemas estratégicos que no pueden ser afectados por la mano del hombre”, dijo Nieto Escalante.

El 3 por ciento de la superficie departamental (148.699 hectáreas) cuenta con 8 resguardos indígenas, distribuidos en los municipios de Hato Corozal, Paz de Ariporo, Sácama, Támara y Ocuré.

Prevalece el uso agropecuario

El estudio de suelos del IGAC en Casanare también incluye la clasificación de las tierras por su capacidad de uso, que establece las clases agrológicas presentes en algún territorio.

La clase 5, compuesta por tierras potencialmente agrícolas y pecuarias, es la que prevalece en el Casanare, con un total de 2,6 millones de hectáreas (60,7 por ciento del área total).

Le sigue la clase agrológica 8, con un 14,2 por ciento (625 mil hectáreas), que representa todas las tierras que por su vulnerabilidad extrema e importancia ambiental deben ser conservadas.

La clase 4 está presente en el 12,1 por ciento del departamento (535 mil hectáreas), en donde se puede adelantar una explotación agropecuaria pero semi intensiva.

“A diferencia de otros departamentos, que cuentan con serias limitantes en sus suelos para el desarrollo agropecuario como fuertes pendientes o zonas de interés ambiental, Casanare tiene un alto potencial para el desarrollo agropecuario. Sin embargo debe hacerse de manera sostenible para no afectar el recurso, y no aumentar la posibilidad de padecer de los efectos de los fenómenos climáticos como la sequía o las lluvias”, informó el director general del IGAC.

7 capítulos dedicados al suelo del Casanare

El “Estudio general de suelos y zonificación de tierras” a escala 1:100.000 del Casanare está compuesto por 7 grandes capítulos que describen detalladamente las diferentes características, potencialidades y limitaciones de los suelos y tierras de esta región del país.

El libro arranca con aspectos generales del Casanare, como localización, extensión, población, aspectos sociales y físicos y las principales actividades económicas.

El capítulo 2 contiene todos los aspectos biofísicos del departamento, es decir la geología, geomorfología, clima, vegetación natural e hidrografía.

Los métodos y procedimientos utilizados por los expertos del IGAC para estudiar los suelos están contenidos  en el capítulo 3.

En el capítulo 4 están consignada la descripción de las unidades cartográficas de suelos en los diferentes paisajes, como montaña, lomerío, piedemonte, planicie y valle.

La clasificación taxonómica y la clasificación de las tierras por su capacidad de uso están en los capítulos 5 y 6, para luego culminar con la zonificación biofísica del departamento (zonas para agricultura, ganadería y conservación).

“Conocer los suelos y sus interacciones con los demás componentes de los ecosistemas es fundamental para definir la capacidad de uso de las tierras, evaluar la vulnerabilidad de una región ante los fenómenos climáticos y la mano del hombre, y poder ordenar cualquier territorio. Por esta razón, los estudios de suelos del IGAC son un insumo básico para la actualización de los Planes de Ordenamiento Territorial, que deben estar acordes a la vocación de los suelos”, puntualizó Nieto Escalante.

El director del IGAC fue enfático al asegurar que los levantamientos agrológicos constituyen una herramienta valiosa para el desarrollo del sector agropecuario, la ordenación y la planificación del territorio y el análisis ambiental, “tanto que permiten identificar los impactos de los grandes proyectos de inversión y las prácticas necesarias para manejarlos adecuadamente sin afectar la sostenibilidad ambiental”.

Generalidades del departamento

Extensión: 4.416.439,3 hectáreas, que equivalen al 3,9 por ciento de todo el país.

División político administrativa: tiene 19 municipios (Aguazul, Chámeza, Hato Corozal, Maní, Monterrey, Nunchía, Orocué, Paz de Ariporo, Pore, Recetor. Sabanalarga, Sácama, La Salina, San Luis de Palenque, Támara, Tauramena, Trinidad, Villanueva y Yopal.

Ríos: el río Meta constituye el principal eje hidrográfico del Casanare. También alberga otros afluentes como los ríos Pauto, Casanare, Cusiana, Guachiría, Crazo Sur, Únete, Manacacias, Ariporo, Charte, Guanapalo, Upía y Túa.