IGAC llama la atención sobre el piedemonte de Caquetá

Piedemonte Caqueta
  • Según Juan Antonio Nieto Escalante, Director General del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), entre los principales detonantes de la avalancha generada por el exceso de lluvia en la capital del Putumayo están el uso inadecuado del suelo, la marcada deforestación y la falta de planeación territorial.
  • “El piedemonte del departamento de Caquetá presenta prolongados periodos de lluvia, terrenos deforestados, suelos afectados por la sobrecarga agrícola y presencia de cuerpos de agua, que lo convierte en un potencial escenario similar al de Mocoa”.

323 muertos, más de 332 heridos y varios barrios bajo el lodo. Ese es hasta ahora el lamentable saldo generado por el desbordamiento de los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco en la ciudad de Mocoa, según el último reporte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo.

El Director General del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Juan Antonio Nieto Escalante, indicó que sumado a la deforestación y a la falta de actualización, implementación y ejecución  del Plan de Gestión del riesgo y el Plan Básico de Ordenamiento Territorial de la ciudad, otro de los grandes detonantes de la tragedia que hoy enluta al país es el uso inadecuado del suelo.

“Los usos que deberían predominar, de acuerdo con los estudios de vocación, en las 130.464 hectáreas que conforman a Mocoa son los forestales, agroforestales y de conservación, un panorama que a la luz de hoy no se cumple. Actualmente, las zonas montañosas albergan ganado y cultivos, lo que ha generado que los suelos se compacten, pierdan su capacidad de resiliencia y que se incremente la susceptibilidad del terreno para que se generen movimientos en masa”.

El 10,3% de los suelos de Mocoa tiene potencial para el desarrollo forestal y el 2,9% para el agroforestal. Sin embargo, en la realidad el 3% cuenta con ganado (un uso que debería estar vetado) y el 12% presenta cultivos transitorios y permanentes.

Nieto Escalante informó que a raíz de esto, el 13,4% de Mocoa (17.559 hectáreas) ya presenta suelos deteriorados por la sobrecarga agropecuaria, es decir, terrenos catalogados como sobreutilizados.

“Mocoa ha perdido coberturas vegetales para darle paso al ganado y a los cultivos, lo que genera que ante un largo periodo de lluvia, se desencadenen en avenidas torrenciales como la presentada el pasado sábado en horas de la madrugada. En las zonas aledañas a los ríos, al retirar la vegetación que las rodea, se agravan los desbordamientos”.

Alerta en el Piedemonte de Caquetá 

Aunque todos los ojos hoy están puestos en Mocoa, Nieto Escalante advirtió que para evitar que otra tragedia de semejante magnitud se repita, la retina nacional debe estar bajo un territorio amazónico vecino al Putumayo.

Se trata de la zona del piedemonte del departamento de Caquetá, la cual presenta características similares a las de Mocoa: altas precipitaciones, prolongados periodos de lluvia, presencia de cuerpos de agua, una desbordada deforestación, suelos afectados y una deficiente planeación.

Esta área está conformada por terrenos de 14 municipios caqueteños, ubicados en inmediaciones o muy cercanos a la cordillera: Albania, Belén de los Andaquíes, Curillo, El Doncello, El Paujil, Florencia, Milán, Montañita, Morelia, Puerto Rico, San José del Fragua, San Vicente del Caguán, Solita y Valparaiso.

Estudios de la entidad revelaron que más de 979 mil hectáreas de este piedemonte están afectadas por el exceso del ganado y cultivos.

“Históricamente en Colombia, especialmente en las zonas de piedemonte, los centros poblados se han ubicado en áreas con características geográficas poco favorables, que los hace susceptibles a fenómenos amenazantes como las avenidas torrenciales y la remoción en masa. Si a esto le sumamos que tienen suelos perjudicados por la sobrecarga agropecuaria, la deforestación, entre otros impactos negativos de la actividad antrópica, el panorama se torna mucho más preocupante”.

Morelia es el municipio con los peores suelos, con el 82,5% de su área sobreutilizada por la actividad agropecuaria.

Le siguen Albania (77,5%), Valparaíso (71%), Milán (65,6%), el Paujíl (57,2%), Montañita (56,3%), Solita (50,2%), Curillo (48,8%), El Doncello (41,4%), Puerto Rico (35,5%), Belén de los Andaquíes (29,3%), Florencia (26,7%), San José del Fragua (23,9%) y San Vicente del Caguán (11,2%).

“Al quitarle la capa vegetal al suelo para la cría de ganado y la implementación de cultivos, éste queda totalmente desprotegido, lo que aumenta la inestabilidad del terreno. Si son zonas con pendientes inclinadas, como Mocoa y varios sitios del piedemonte, la vulnerabilidad es mucho mayor”, anotó Nieto Escalante.

El funcionario hizo una mención especial al área urbana de Florencia, la cual, según estudios generales sobre susceptibilidad a inundaciones, muestra que la mayor parte del casco urbano está sometido a esta contingencia.

“Por esta razón, se requiere urgentemente estudios detallados que permitan diseñar las acciones preventivas que sean del caso, para evitar que presenten situaciones de emergencia que se traduzcan en  tragedia

Deforestación, líder en la Amazonia

A los suelos ‘enfermos’ por la mano del hombre que comparten Mocoa y el piedemonte de Caquetá, se suma otro factor que desencadena remociones en masa: la deforestación.

Según un reporte del Ideam presentado en 2016, el departamento del Caquetá presentó la tasa de deforestación más alta del país, con la pérdida de 23.812 hectáreas. Esto se debió en gran parte a que dos de sus municipios, Cartagena del Chairá y San Vicente del Caguán, son los más deforestados en toda Colombia.

Putumayo, sitio de la actual tragedia, tuvo una deforestación de 9.214 hectáreas (quinto departamento más afectado por la tala de bosques), de acuerdo con el reporte del Ideam.

“La deforestación es la principal causa de la erosión de los suelos. Al no contar con una capa vegetal que los proteja de factores como la lluvia, se desencadenan movimientos en masa y derrumbes. Al deforestar las zonas de ronda y amortiguación, la posibilidad de desbordamiento en los ríos se incrementa, ya que las crecientes no tienen una barrera natural que les impida llevarse todo lo que encuentren, como sucedió en Mocoa”, alertó Nieto Escalante.

Además, enfatizó que la mayoría de las zonas de ronda hidráulica de los cuerpos de agua como ríos, quebradas y humedales en Colombia han sido deforestadas para darle paso al asentamiento de viviendas y urbanizaciones, en su mayoría por personas desplazadas y de escasos recursos.

“Esto las ha convertido en sitios con altos grados de pobreza, falta total de planeación e informalidad y con un latente peligro a padecer por los desastres naturales. La ocupación de estas zonas aledañas a los ríos y humedales intensifican las consecuencias de los fenómenos naturales, ya que al cambiarle el uso, sus suelos no pueden cumplir con su rol de amortiguación cuando se presentan crecientes”.

Lluvias a cántaros

Otro factor que hace que zonas de la Amazonia como Putumayo y Caquetá sean ‘apetecidas’ por los desastres naturales es la alta precipitación.

En Mocoa, según un estudio de características climatológicas en las ciudades principales de Colombia del Ideam, caen cerca de 3.832 milímetros de agua al año.

Entre tanto, el estudio de suelos de Caquetá del IGAC, indica que en el departamento las precipitaciones son superiores a los 3.000 milímetros anuales; siendo abril, mayo y junio los meses en los que cae mayor cantidad de agua.

El Director del Ideam, Omar Franco, le informó a varios medios de comunicación que el día de la tragedia Mocoa registró un nivel de lluvias de 129 milímetros (el 80% entre las 11 de la noche y la 1 de la mañana), y que ese día se emitieron tres alertas sobre las lluvias y posibilidad de deslizamiento en varias zonas del Putumayo.

“Podemos evitar que otro territorio sufra lo que está viviendo Mocoa. Trabajaremos de la mano para que se generen estrategias que permitan realizar un uso adecuado del suelo y mitigar la deforestación. Hacemos un llamado para que los departamentos de Putumayo y Caquetá utilicen los estudios de suelos del IGAC, con los que ya cuentan, y con base en ellos puedan ordenar sus territorios acorde con  la vocación, al agua y a los recursos naturales. Deben dejar de hacer caso omiso a las advertencias”, dijo a su vez Nieto Escalante.

Oídos sordos

El Director de Corpoamazonia fue el primero en poner el dedo sobre la llaga, al informar que hace nueve meses la entidad advirtió que por el uso inadecuado del suelo, la deforestación y el desorden urbanístico, Mocoa estaba a punto de vivir una tragedia.

A esta advertencia se sumó también el  IGAC, entidad que en mayo del año pasado publicó un informe sobre los departamentos más vulnerables a padecer de los derrumbes, listado conformado por 24 territorios, entre los cuales están Putumayo y Caquetá.

“En nuestro informe advertimos que el 18,7% del país presenta zonas con mayor susceptibilidad a sufrir derrumbes, y que las áreas de montaña con ganadería y cultivos intensificaban los eventos por remoción. Revelamos que los alrededores de Mocoa en el Putumayo y el occidente de Caquetá, eran los más vulnerables en la Amazonia colombiana”, precisó Nieto Escalante.

Además, el IGAC recalcó que el 12% del Putumayo (incluida Mocoa) y el 13% del Caquetá (todo el piedemonte), eran sitios críticos por la sobreutilización de sus suelos.

En 2015, el Gobierno Nacional, a través del Director del IGAC, le entregó a las autoridades departamentales y municipales de Caquetá y Putumayo, los estudios de suelos de sus departamentos, insumos en donde se evidencia la situación actual de sus suelos y la vocación de los mismos.

El estudio de suelos del Putumayo, que vio la luz pública en mayo de 2015 en su capital, reveló que Mocoa no tiene vocación agropecuaria, y que solo el 1,8% de ese departamento tiene suelos aptos para cultivos y ganado; sin embargo, actualmente el 15,8% de este territorio está repleto este tipo de desarrollos.

El estudio de suelos de Caquetá, presentado en junio del mismo año en la ciudad de Florencia, indicó que el 1,03% está conformado por terrenos aptos para la producción agropecuaria, pero que a la fecha el 13,1% presenta estos desarrollos (concentrados en la zona del piedemonte).

“En ambos eventos revelamos las cifras relacionadas con la vocación, cobertura y conflictos de uso, y le dimos recomendaciones concretas a las autoridades y a la ciudadanía para que utilizaran esta información como una hoja de ruta para la planificación de su territorio. Lamentablemente, al parecer no fue más que un saludo a la bandera y los estudios no están siendo consultados para el ordenamiento territorial”, expresó el funcionario.

El Director complementó que el IGAC está pendiente de la decisión de Corpoamazonia para poder realizar un estudio de suelos en varias zonas de la Amazonia colombiana (incluidas Putumayo y Caquetá), que permita trazar la carta de navegación para el ordenamiento ambiental y productivo de parte de esta zona del país.

Lo que el río se llevó

Para Nieto Escalante, las altas precipitaciones presentadas en Mocoa generaron avenidas torrenciales que arrastraron rocas y material del suelo y subsuelo en la zona montañosa, afectada por la deforestación y por el uso inadecuado del suelo, los cuales rebosaron y aumentaron el caudal de los tres ríos.

“Todo este material de arrastre, que es derivado de la deforestación y de los suelos afectados por el hombre, llegó al caudal de los ríos y dejó a más de la mitad de Mocoa bajo el fango. La ciudad debe hacer una revisión de los terrenos afectados, especialmente por la ganadería y la compactación de los suelos”.

El funcionario indicó que sumado a los altos índices de deforestación y a los suelos sobreutilizados, la planificación de la ciudad también está desbordada.

“Los ríos tienen memoria y tarde o temprano reclaman lo que el hombre les ha quitado. Los 17 barrios más afectados por la avalancha de lodo estaban ubicados en cercanías a la zona de ronda de los cuerpos de agua que atraviesan la ciudad. Esto revela una falta de gestión de los instrumentos de planeación como son el Plan de Gestión del Riesgo (incluyendo los estudios generales y detallados necesarios) y su incorporación en el Plan Básico de Ordenamiento Territorial. En este caso la población se metió en los terrenos que son parte de los ríos”.

A prevenir

Para que la ocurrencia de estos procesos no sea tan desastrosa, el IGAC aconseja aplicar varias prácticas de manejo como:

  • Reubicación de los habitantes en zonas de riesgo no mitigable a esta clase de fenómenos;
  • Incrementar los sistemas forestales, agrosilvícolas y silvopastoriles en las zonas montañosas;
  • Controlar la escorrentía mediante zanjas de ladera, cultivos en contorno y franjas con vegetación densa para disminuir la velocidad del agua y que se fomente su infiltración;
  • Proteger los suelos de las lluvias con cobertura vegetal proveniente de residuos de los cultivos;
  • Evitar la compactación de los suelos por la explotación ganadera;
  • Y no realizar labranza en sentido de la pendiente;
  • Respetar la ronda hidráulica de los cuerpos de agua;
  • Y aplicar lo contemplado en la circular conjunta entre el IGAC y la Procuraduría General de la Nación, la cual insta a los gobernadores y alcaldes a que promuevan organizadamente la incorporación de la variable ambiental en los Planes de Ordenamiento Territorial (POT).

“Se debe prohibir la ganadería extensiva en zonas con pendientes superiores al 50%, para así evitar que los suelos se compacten y que así se generen derrumbes. Con sistemas silvopastoriles y agroforestales se puede incrementar la fertilidad, regular y proteger el agua y fomentar la biodiversidad”, puntualizó el Director del IGAC.