Monolitos: cuando el suelo se convierte en “momia”

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  • El Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) aumentará el número de monolitos o “momias de tierra” que están exhibidos en su Museo Nacional de Suelos.
  • A los 80 con los que cuenta la entidad se sumarán más estructuras de 1,20 metros de largo provenientes del páramo de Sumapaz, de la ardiente Guajira y de los departamentos de Córdoba y Nariño.

IGAC, septiembre 25/2015-. Para una persona del común, las momias son solo aquellos cadáveres humanos o animales que fueron embalsamados en el Antiguo Egipto, en las culturas Maya y Azteca o en países sudamericanos como Perú, Argentina y Chile, para conservarlos el mayor tiempo posible.

Sin embargo, las momias no son exclusivas del mundo humano o del reino animal. Los suelos también cuentan con infraestructuras muy similares, denominadas científicamente como monolitos.

monolitos4En lugar de un cuerpo sin vida, estas “momias de tierra”, definidas como un bloque de piedra de gran tamaño compuesto por un solo elemento, están llenas de suelos y fragmentos rocosos, que también fueron sometidos a procesos de embalsamiento.

Su origen puede ser natural, como las Torres de Paine en Chile, El Capitán en Estados Unidos, el Peñón de Gibraltar y la Piedra del Peñón en Colombia; o tallados y elaborados por el hombre para fines culturales o científicos, como el obelisco de Letrán en Roma o los moai de la Isla de Pascua.

En Colombia, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, como la autoridad nacional en el manejo y estudio de los suelos, es la entidad encargada de elaborar monolitos con las tierras más representativas del país, que van desde el Archipiélago de San Andrés y Providencia hasta las frías tierras de la Sabana de Bogotá.

Como sucedía con las arcaicas momias, para la elaboración de estos monolitos el IGAC no solo realiza un embalsamiento de los suelos, sino que recolecta las muestras a través de un cajón de aproximadamente 1,20 metros de largo por 20 centímetros de ancho, muy similar a un ataúd.

Este tipo de “ritual mortuorio” del suelo inicia cuando los servidores públicos del IGAC escogen el terreno más adecuado para recolectar la muestra.

Algunos monolitos son tomados en cortes de montaña verticales que no tengan rocas de gran tamaño, mientras que en zonas planas se hace mano de una calicata (un hueco de más de 1,5 metros de profundidad).monolitos3

Escogido el sitio para la excavación, con la tapa del ataúd, el IGAC marca el rectángulo de donde extraerá el suelo. Luego, con ayuda de palas, cuchillos, martillos y barrenos, se va adentrando en la muestra hasta alcanzar una profundidad de más de 9 centímetros.

Ya con el suelo expuesto inicia la etapa de “latonería y pintura”, que consiste en perfilar el rectángulo hasta dejarlo lo más liso posible, retirando las rocas y la cobertura vegetal.

Luego, los expertos del IGAC tratan de encajar el ataúd en la muestra; este procedimiento es dispendioso y necesita de un “ojo de halcón”, ya que debe ser retirado cualquier material que impida que el suelo quepa perfectamente en el cajón y que lo pueda fragmentar.

El tiempo destinado para perfilar y refinar el futuro monolito puede superar las tres horas, dependiendo del grado de dificultad que representa retirar el material rocoso.

Cuando el encaje es perfecto, el ataúd es forrado internamente por plástico, para evitar que la muestra del suelo se vea afectada. En ese momento, el martillo y los clavos que se utilizan para el embalaje, hacen que el panorama se torne similar a un entierro.

Con el cajón entre en la muestra del suelo, los cuchillos y las palas vuelven al juego para hacer el corte vertical final, que permitirá desprender el monolito de la montaña.

Por el peso de la muestra, que puede llegar hasta los 200 kilogramos, la gravedad puede hacer que el cajón caiga en cualquier momento; por esta razón los técnicos deben estar preparados para agarrarlo antes de que toque el suelo, y evitar así que la muestra se quiebre y todo el trabajo se pierda.

Ya con el monolito dentro del ataúd y ubicado horizontalmente sobre el piso, se da otro retoque al material sobrante, hasta que pueda cubrirse fácilmente con la tapa.

Los clavos y el martillo finalizan la etapa de campo para la elaboración de la momia. Ya cerrado, los técnicos cargan el cajón y lo introducen en la carroza mortuoria, que en este caso en una camioneta 4×4 con platón.

Listos para embalsamar

Inmediatamente, el ataúd es transportado el Laboratorio de Suelos del IGAC, en donde iniciará la etapa de embalsamiento.

Primero pasa al invernadero del Laboratorio para que se seque; durante una semana seguirá totalmente sellado.

Luego, los técnicos retiran la tapa al ataúd y le aplican una resina (pegante) a la parte superior del monolito; también se abren varios huecos alrededor de la caja, para aplicar más resina.

El tiempo aproximado para que el pegante haga efecto en el monolito es de un mes.

Culminada esta etapa se rompe el ataúd; la muestra ya compacta de suelo se pone sobre una tabla impregnada de pegante.

Con ayuda de otra tabla y cuatro tornillos se hace presión sobre la muestra durante otro mes; esto con el fin de que no vaya a desprenderse ninguna parte de suelo.

Posteriormente se retira la tabla superior y se empieza a refinar el monolito, hasta que quede de 2 centímetros de ancho.

Más de dos meses después de haber cortado un pedazo de suelo, el monolito ya queda listo para ser exhibido en el Museo Nacional de Suelos.

Nuevos monolitos

Actualmente, el IGAC cuenta con 80 monolitos provenientes de suelos de varias zonas del país, como los Llanos Orientales, la región Caribe, el Eje Cafetero, el Valle del Cauca y la isla de San Andrés.

Según Juan Antonio Nieto Escalante, Director General del IGAC, el propósito es aumentar la cantidad de monolitos exhibidos en lo que falta del año.

“Iniciamos con dos monolitos tomados de los suelos del páramo de Sumapaz en Cundinamarca, que serán los primeros realizados por el IGAC en este tipo de ecosistemas. Luego iremos al Santuario de Flora y Fauna Los Flamingos en La Guajira, y a varios terrenos de Córdoba y Nariño. El ideal es que contemos con monolitos de los suelos más representativos del país en nuestro Museo, y que los visitantes conozcan la variedad con la que contamos y la importancia de su conservación”, puntualizó Nieto Escalante.