“El rencor ya salió de mi corazón. Ahora quiero volver al campo y ser feliz como lo era antes”

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En el diálogo regional “Mapeando la geografía de la paz” del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), Fidelina Hurtado Torres, una de las tantas víctimas del conflicto armado colombiano, narró su testimonio de reconciliación y perdón con las personas que la hicieron recorrer nueve departamentos del país huyéndole a la violencia.

Como si fuera ayer, Fidelina Hurtado Torres, una mujer afro con una cabellera corta y plateada, recuerda vívidamente cómo empezó su huida de la violencia por parte de los grupos armados al margen de la ley.

Cuando era adolescente, esta mujer, que ya bordea los 70 años de vida, decidió abandonar su natal Buenaventura y buscar nuevos horizontes. Sin embargo, en esta ocasión las razones de su partida no estuvieron vinculadas a las amenazas de muerte o al desplazamiento forzado.

“Cuando mi mamá murió no fui capaz de soportar la pena. Por eso vendí todo, dejé Buenaventura y llegué al Caquetá. En esa época no sabía lo que era la guerrilla y cosas violentas”, relató nostálgicamente Fidelina en uno de los páneles realizados en el diálogo regional “Mapeando la geografía de la paz de Colombia” del Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

En Caquetá fue feliz en el campo por varios años, hasta que tuvo su primer contacto con el flagelo de la violencia. “Desafortunadamente, un día me dijeron que me tenía que ir a preparar con armas para salir a una marcha campesina, pero yo no quise. Me dieron horas para que me saliera, porque si no me mataban”.

En el diálogo regional “Mapeando la geografía de la paz” del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), Fidelina Hurtado Torres, una de las tantas víctimas del conflicto armado colombiano, narró su testimonio de reconciliación y perdón.

Desde ese momento, a cualquier sitio en donde empezaba a construir su nueva vida, Fidelina recibía una bofetada y una nueva amenaza. “Me fui del Caquetá y recorrí nueve departamentos de mi bella Colombia huyéndole a la guerra. Luego me fui un tiempo para Venezuela, y después regresé a vivir a Bogotá. Ahora estoy aquí”.

Por el constante desplazamiento forzado y la mala racha con la violencia, la dulzura y nobleza de Fidelina se fueron borrando. “Me convertí en una mujer muy violenta, grosera, era una cosa que nadie se puede imaginar”.

En 2011, una invitación de la Fundación AGAPE, que trabajaba con los desvinculados de la guerrilla, la invitaron a un congreso en la ciudad de Armenia, un acontecimiento que le cambió la vida radicalmente.

“Allá tuve la oportunidad de enfrentar a los desvinculados, pero con una condición muy maravillosa. Me tocó abrazarlos, perdonarlos y pedirles perdón”. En ese encuentro, Fidelina se encontró con una de las guerrilleras que la sacó de su “tierrita”, a la cual también abrazó y escuchó.

Desde ese momento Fidelina es otra persona, un ser donde el rencor ni el resentimiento tienen cabida. Pero aún guarda la esperanza de poder regresar al campo para que su felicidad sea completa.

“Quiero volver al campo, quiero ser feliz como lo era antes. Aquí en Bogotá soy feliz, no digo que no. Pero acá no madrugo a sacar los huevos del gallinero y a ordeñar la vaquita que tenía para sacar la leche. No puedo abrir el armario para sacar los 10 mil pesos de mi ahorro. Lo que he vivido aquí no lo viví en el campo”.

Para esta mujer llena de perrenque, la esperanza y la paz que tanto ha buscado se agrandaron con el Acuerdo de Paz que está a punto de firmar el Gobierno Nacional con la guerrilla de las FARC. “Hoy en día estoy invitando a todos los que quieran sentir la gente de la Habana como amiga, que lo hagan. A mí este proceso de paz me llena de alegría. Si pudiera mil veces votar por el sí lo haría, porque ese es el país que quiero dejarle a mis nietos y a mi bisnieta. Un país es paz”.

Con lágrimas en sus ojos y la voz entrecortada por tantos recuerdos, Fidelina concluyó que en AGAPE aprendió una de las lecciones más importantes en toda su vida: perdonar. “Aprendí que la reconciliación y el perdón es personal, y ahora yo puedo abrazar a todo el mundo que me mire, que me llame. El rencor ya salió, y ahora mi corazón está limpio”.