“Transformación de Colombia en territorio de Paz debe tener al suelo y a los pequeños productores como protagonistas”

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Representantes de 23 países de América Latina y el Caribe celebraron el cese bilateral del fuego y el fin de la guerra y la violencia que por más de 50 años han azotado a Colombia.

Ronald Vargas, Secretario de la Alianza Mundial por el suelo, indicó que en la postguerra colombiana, el IGAC jugará un papel fundamental, ya que significa un valor agregado fundamental para la creación de políticas de manejo sostenible y productivo. “Pocos países cuentan con una entidad líder como el IGAC, que se dedica exclusivamente al estudio de los suelos y que tiene una calidad técnica envidiable. Con la información de esta entidad se puede hacer una mejor planificación del campo, de sus actividades productivas y por ende, de la paz del país”.

Además de de analizar el estado actual del marco legal e institucional de los suelos y de empezar a entretejer una hoja de ruta para la gobernanza y protección de este recurso natural, el taller regional para el manejo sostenible del suelo en América Latina y el Caribe, realizado en la ciudad de Ibagué, exaltó el fin de la guerra en Colombia.

Los representantes de 23 países de América Latina y el Caribe que asistieron al taller le dieron algunas recomendaciones al Gobierno Nacional para que se incluya el componente suelo en el posconflicto, el cual para ellos debe incluir la participación activa de la comunidad campesina y las víctimas del conflicto.

A su vez, los países participantes, entre ellos Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Granada, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Santa Lucía, República Dominicana, Perú, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela; resaltaron la importancia que significa para un país contar con una entidad  rectora en suelos como el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), que cuenta con información de primera mano sobre este recurso tan afectado en Colombia.

Ronald Vargas, Secretario de la Alianza Mundial por el Suelo, manifestó que la firma de la paz colombiana deberá verse reflejada en un manejo sostenible de los recursos naturales, como el suelo, pero que es necesario que el diseño y la planificación de las políticas públicas incluyan en su elaboración a los grupos más marginados, los campesinos y víctimas, que fueron los más afectados en la época de conflicto.

“Ellos deben ser el centro de atención de las políticas públicas para el desarrollo rural integral. El manejo sostenible del suelo debe incluir como prioridad a la gente que fue relegada y marginalizada, es decir que ellos deben ser parte de la discusión de las políticas, antes de la implementación. Los campesinos deben ser los actores principales del posconflicto”.

Vargas indicó que en la postguerra colombiana, el IGAC jugará un papel fundamental, ya que significa un valor agregado fundamental para la creación de políticas de manejo sostenible y productivo. “Pocos países cuentan con una entidad líder como el IGAC, que se dedica exclusivamente al estudio de los suelos y que tiene una calidad técnica envidiable. Con la información de esta entidad se puede hacer una mejor planificación del campo, de sus actividades productivas y por ende, de la paz del país”.

Por su parte, Rafael Zabala, representante de la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO), dijo que el acuerdo por la paz entre Colombia y las FARC y la culminación de la guerra, se debe construirse en el territorio, con la gente, mejorando su calidad de vida, el cual será el gran reto del acuerdo, es decir el posconflicto.

“Si generamos mecanismos de vida dignos para la comunidad campesina, a través de estrategias conservadoras de los recursos naturales, vamos a estar cerca de construir la paz. Estamos seguros de que en la Habana se firmará el acuerdo, pero en sí la paz se debe construir acá en Colombia, con su gente. La tarea va a ser la generación de medios de vida dignos, con estrategias políticas agroambientales que combinen recursos naturales y producción”.

“Me ha tocado estar en la Colombia profunda, donde vas a zonas rurales que solo tienen alternativas ilícitas, por la falta de infraestructura y de servicios. Para que las entidades se articulen en torno a la paz y el desarrollo productivo la palabra clave es intersectorialidad, la cual involucra al Gobierno Nacional, el ciudadano, el gobierno local y la cooperación internacional. La paz y el desarrollo productivo sostenible deben abarcar a la gente, el ambiente, el agua, la biodiversidad, el cambio climático y el ingreso a partir de una actividad digna. Esta es una tarea de gobierno y sus ciudadanos”.

América Latina y el Caribe, unidos por la paz y los suelos

Mary Vargas, de la sociedad venezolana de la ciencia del suelo: “Dentro del Proceso de Paz debe haber una amplia apertura hacia los sistemas productivos e impulsar las áreas con mayor debilidad tecnológica, con el fin de hacer una inserción con la comunidad afectada que sea realmente efectiva. Hay que trabajar en el apoyo desde el manejo productivo a los medianos y pequeños productores, y a los nuevos que se empezarán a cultivar en Colombia”.

“Tener una entidad como el IGAC es necesario y vital para cualquier país. El suelo es el soporte de la vida, pero por ser de consumo indirecto ha tenido una visibilidad casi que nula. Una entidad como esta, que se encarga de organizar y monitorear los suelos y la producción, es de vital importancia, ya que nos permite garantizar que este recurso no se siga agotando; si no salvamos a los suelos no hay producción, no hay nada”.

Reinaldo Mendoza, profesor de la Universidad Nacional Agraria de Nicaragua: “Celebramos El comienzo de la paz de Colombia, la cual también se verá reflejada en un mejor manejo de sus recursos naturales y de su ordenamiento productivo. Como países vecinos y sabiendo el potencial que tiene el IGAC en cuanto a la información y técnica para el estudio de los suelos, países como Nicaragua podremos beneficiarnos y crear alianzas para mejorar toda nuestra producción cartográfica. Debemos fortalecer el conocimiento de los tomadores de decisiones, empresarios y campesinos sobre los suelos, algo que permitirá contar con una conservación y preservación ambiental mucho más eficaz y eficiente”.

Carla Pascale, del Ministerio de Agroindustria de Argentina y presidenta de la Alianza por los suelos de Suramérica: “Sabemos que el suelo que se cuida y que se mantiene, contribuye al arraigo poblacional. Por el contrario, el suelo que no se cuida, se olvida. Para este proceso de Paz en Colombia, el Gobierno deberá volver a dinamizar los territorios y a que la comunidad se instale nuevamente, procesos en los cuales el arraigo será fundamental. El arraigo al suelo y a las tierras, asociado al ordenamiento territorial, tendrá un rol central para dinamizar el proceso de paz”.

“Para un país es necesario y de suma importancia contar con una institución que se encargue de los suelos, como en el caso de Colombia es el IGAC. Una entidad que vea al suelo más allá de temas de la conservación, sino que dé línea para crear estrategias para el diseño de una política holística enmarcada en la producción y su ordenamiento”.

Kwesi Goodard, Ministerio de Agricultura de Santa Lucía: “El gran reto para Colombia es involucrar a la gente en todas las actividades luego de la firma de la paz. Todo debe girar en torno a la gente, a las víctimas y al uso adecuado del suelo. Si mejoran la calidad de los suelos, esto se verá reflejado en una mejor vida para los colombianos, que tendrán alimentos y podrán producir en sus hogares sin afectar al ambiente. Tener buenos suelos acaba con cualquier guerra”.

“Colombia es un país que tiene mayor exigencia en el uso de sus suelos y de los recursos naturales. Aprenderemos mucho de la experiencia de Colombia para mejorar nuestros procesos en Santa Lucía, un país demasiado pequeño, pero con gran potencial. Colombia es organizado y planificado en el manejo y estudio de sus suelos”.

Renato Jiménez Zuñiga, jefe de suelos del Instituto de Investigaciones Agrícolas del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Costa Rica: “Costa Rica celebra el fin de la guerra en Colombia. Ahora, que empieza un proceso con las víctimas y los victimarios, es necesario capacitar a ambos bandos sobre la los procesos agrícolas y pecuarios pero de una manera sostenible. La clave del proceso de paz está en involucrar a toda la comunidad campesina, que tienen el conocimiento de las tierras, con el desarrollo de políticas de conservación de los suelos, lo que evitará que se afecten los recursos naturales. En el caso de los desmovilizados de los grupos guerrilleros, también se deben capacitar en el buen manejo de los suelos”.

“Tener una entidad como el IGAC es básico para lograr un ordenamiento producto y sostenible en cualquier país. Colombia es privilegiada por tener un instituto como este, ya que son los únicos que realmente conocen los suelos, con sus potencialidades y debilidades. El conocimiento técnico del IGAC permite tomar medidas para la lucha contra la desertificación en América Latina”.

Ernesto Moscoso Celada, del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala: “Al igual que Colombia, Guatemala también fue un territorio azotado por la violencia, y que después de muchos esfuerzos, logró firmar un acuerdo de paz. Es gratificante ver que nuestro país vecino esté hacia el mismo camino hacia la paz. En este largo proceso, la clave será en sensibilizar a los campesinos y a la comunidad que fue despojada de sus tierras, en temas como el uso adecuado del suelo, la vocación agrícola, y técnicas que les permitan volver a sus terrenos y poder producir sin afectar al ambiente”.