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Geografía para niños
Digiturno

Diversos, así son los suelos del Cesar

31/Julio/2018

Según el IGAC, la productividad y la conservación pueden ir de la mano en este departamento caribeño. 48 por ciento es apto para algún tipo de producción y 51,2 por ciento alberga áreas que deben ser protegidas por su importancia ambiental.

No hay mejor palabra para describir al departamento del Cesar como la diversidad. Por su ubicación geográfica, sus más de 2,2 millones de hectáreas están conformadas por paisajes y climas tan distintos y extremos que pareciera que se tratara de una Colombia a menor escala.

Las majestuosas montañas hacen presencia en el margen oriental, conformado por las altas pendientes de la Cordillera Oriental y en donde se ubica la Serranía de los Motilones o Perijá. Hacia el norte se impone con fuerza parte de la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los parques naturales del país.

Estos elevados tesoros naturales alcanzan temperaturas frías inferiores a los 9 grados centígrados, un aspecto poco utilizado por los colombianos a la hora de describir al Cesar.

Los humedales y ciénagas dicen presente hacia el oeste de este territorio del Caribe, un sector de extensos valles aledaño al río Magdalena conformado por numerosos cuerpos hídricos que hacen parte del complejo cenagoso de la Zapatosa, un gran estanque de biodiversidad de 40 mil hectáreas con más de mil millones de metros cúbicos de agua.

Por su parte, el centro es gobernado por las grandes planicies regadas por las aguas de los ríos Cesar y Ariguaní, utilizadas por sus pobladores para la agricultura y ganadería. En la década de los 60, el departamento fue pionero en algodón, cultivo que después de su declive fue sustituido por palma africana, maíz, arroz, plátano, yuca, sorgo, café, caña, cacao, pimentón, ají, tomate y cebolla.

Los yacimientos de carbón han sido esenciales para su crecimiento en los últimos años. Municipios como La Jagua de Ibirico, Chiriguaná, Becerril, Tamalameque y El Paso, cuentan con minas para la explotación carbonífera.

Debido a esa desmesurada diversidad paisajística y climática, el Cesar tiene un surtido abanico de suelos que permiten que la producción y la conservación ambiental puedan ir de la mano sin impactar los recursos naturales, un panorama que no se presenta en la mayoría de departamentos colombianos.

En pocas palabras es un territorio ideal tanto para producir alimentos agropecuarios, forrajes y maderas como para los proyectos netamente sostenibles.

Así lo revela el “Estudio general de suelos y zonificación de tierras del departamento”, documento revelado hoy por el Director General del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) Juan Antonio Nieto Escalante y el Director de la Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) Julio Suárez Luna.

Según el estudio, las tajadas para la producción y la conservación están casi que parejas. 1.084.573 hectáreas (48 por ciento del área departamental) son aptas para la agricultura, ganadería o desarrollos forestales, mientras que los terrenos que deben tender hacia la protección ambiental corresponden a 1.156.618 hectáreas (51,2 por ciento).

“El Cesar no actualizaba la información de sus suelos desde 1987. Con este nuevo insumo, académicos, planificadores, gremios, autoridades ambientales, entes territoriales y comunidades podrán identificar las características de su territorio, lo que permitirá orientar la gestión de sus suelos, conservar la naturaleza e impulsar el desarrollo del sector agrícola, ganadero, forestal y turístico de esta región”, aseguró Nieto Escalante.

El Director del IGAC manifestó que esta nueva hoja de ruta sienta las primeras bases para recuperar la economía rural, “como parte de la Reforma Integral dirigida al cumplimiento de los acuerdos de paz”.

“La economía de las tierras del Cesar se caracteriza por el fortalecimiento de la ganadería y la palma, la disminución de los cultivos y el auge de la minería. Es necesario conocer la vocación desde el punto de vista agrícola, ganadero, forestal y de la conservación, para así potenciar su desarrollo estimulando el uso de alternativas más rentables, que se logran con tecnologías adecuadas y oportunas”.

Suárez Luna, Director de Corpocesar, indicó que este documento de gran rigor técnico le servirá a los tomadores de decisiones tanto en el nivel central, departamental y municipal, para el desarrollo de políticas sobre el uso adecuado del suelo rural y el óptimo monitoreo de indicadores de los conflictos de uso del territorio.

“El suelo desempeña un papel fundamental en el sustento de la sociedad. Por eso trabajamos pensando en las comunidades y promovemos la gestión sostenible del suelo en un contexto integral en el que confluyen la conservación de la biodiversidad, el agua y el aire, el ordenamiento del territorio y la gestión de riesgo, contribuyendo así a impulsar el desarrollo en los territorios”.

Cultivos, el fuerte productivo

De las más de un millón de hectáreas aptas para algún tipo de producción, 566 mil tienen vía libre para la agricultura, terrenos ubicados en climas cálidos, húmedos y secos que cobijan 25 por ciento de todo el departamento.

El estudio del IGAC recomienda un amplio ramillete de cultivos, una agricultura como en botica. Cerca de 313 mil hectáreas (13,8 por ciento del Cesar) son ideales para productos como arroz, sorgo, algodón, soya, maíz, frijol, yuca y hortalizas.

“Estas tierras, ubicadas en el piedemonte, son apropiadas para cultivos transitorios con un ciclo de vida menor a un año. Los intensivos requieren de prácticas mecanizadas o manuales con alta remoción del suelo y desyerbas, mientras que los semintensivos de mecanización, control de plagas, aplicación de enmiendas y fertilizantes y una mano de obra calificada”, apuntó Germán Darío Álvarez, Subdirector de Agrología del IGAC.

Entre tanto, 252 mil hectáreas (11,1 por ciento), ubicadas en el piedemonte, planicies de inundación y lomerío, permiten cultivos permanentes como cacao, palma, plátano y frutales (papaya, naranja, mango, guanábana, guayaba, cítricos, níspero y zapote).

“Para estos cultivos se recomiendan prácticas manuales sin dejar desprovisto al suelo de una cobertura vegetal protectora. En algunos sectores es necesario realizar una adecuación agrícola para su óptimo desarrollo y obtener excelentes producciones”, complementó Álvarez.

El funcionario recalcó que la ejecución exitosa de proyectos agrícolas requiere la realización de prácticas de riego, drenaje, fertilización, enmiendas y selección de variedades de cultivos que toleren las condiciones de los suelos y climáticas de la región.

Bienvenida la ganadería

Los desarrollos pecuarios son bienvenidos en 303 mil hectáreas, que representan 13 por ciento del Cesar. Estos suelos están distribuidos en relieves planos y moderadamente quebrados de clima cálido, y entre sus características están una baja fertilidad y poca profundización para las raíces.

Para la futura ganadería del departamento, el IGAC clasificó a la actividad pecuaria en dos sistemas: extensivo (54 mil hectáreas) y semintensivo (249 mil hectáreas).

“Las tierras para ganadería extensiva están ubicadas en tierras planas e inundables de los valles y en lomas y colinas de los lomeríos del piedemonte. Las primeras necesitan de control de encharcamientos y adición de fertilizantes, por lo cual se recomienda una ganadería estacional y cultivos de pancoger. Los suelos ganaderos en el piedemonte requieren de enmiendas y un control de malezas y enfermedades”, informó Álvarez.

La ganadería semintensiva debería desarrollarse en sitios como los vallecitos del piedemonte y zonas de inundación de la planicie. “Necesitan fertilización, aplicación de materia orgánica, enmiendas y control de malezas. Se aconseja cultivar coberturas como pasto estrella, pasto alemán, angleton, braquipará, pará y variedades forrajeras como guineas, braquiáreas, colosuana y leguminosas”.

Otras formas de producción

En Colombia, los usos forestales y agroforestales han sido desaprovechados. El país se ha inclinado más hacia la actividad agropecuaria, lo que genera un uso inadecuado del suelo.

En Cesar, 151 mil hectáreas (7 por ciento) tienen tierras aptas para realizar una combinación armónica entre las actividades agrícolas y forestales.

“El uso agroforestal responde ampliamente a la necesidad de proteger, conservar y manejar racionalmente los recursos en forma simultánea con la producción y extracción de productos cultivados adecuadamente, manteniendo el equilibrio y logrando el beneficio de la población”, anotó el Subdirector de Agrología.

El uso netamente forestal tiene cabida en 63 mil hectáreas (3 por ciento). “Por condiciones de clima, pendiente, suelos y erosión, estas tierras deben aprovecharse con usos de protección o producción forestal, ya sea con especies nativas o introducidas. No admiten ningún tipo de uso agrícola o pecuario”.

La tajada ambiental

Las tierras para la conservación y protección ambiental del Cesar (1,1 millones de hectáreas) están distribuidas en tres grupos.

Las áreas de protección legal, terrenos que ya están blindados por la ley bajo figuras como parques naturales y reservas, abarcan 99 mil hectáreas, 4,4 por ciento del departamento.

Dentro de este grupo están la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña más alta del mundo a orillas del mar (42 mil hectáreas en el Cesar); la reserva forestal de la cuenca alta del Caño Alonso, entre Pelaya y La Gloria (466 mil hectáreas); la reserva natural Paraver en Valledupar (374 hectáreas); y otros parques regionales como Los Ceibotes, Bosque de las Mercedes, El Lucero, Las Monas, Los Besotes y Cerro Pintao.

589 mil hectáreas fueron catalogadas por el IGAC como áreas prioritarias para la conservación, que cobijan páramos (6 mil hectáreas); humedales, ciénagas y pantanos (62 mil) y coberturas naturales (519 mil).

Por último están las áreas prioritarias para la conservación y recuperación de suelos, tierras presentes en 467 mil hectáreas con características como pendientes superiores al 75 por ciento, erosión severa, afloramientos rocosos y limitaciones en los suelos por la poca profundidad.

Voces de los expertos

Juan Antonio Nieto Escalante, Director General del IGAC

  • “El Estudio de suelos y zonificación de tierras del Cesar nace por la necesidad de generar herramientas que permitan definir políticas y tomar decisiones ecológicamente sostenibles, económicamente rentables y socialmente viables con proyección a la explotación racional de los suelos”.
  • “Esperamos que se convierta en un elemento de consulta para el establecimiento de planes y programas cuyos objetivos procuren el desarrollo agrícola, pecuario y forestal del departamento”.
  • “Este insumo técnico se constituye en una herramienta valiosa para el desarrollo del sector agropecuario, la ordenación de cuencas hidrográficas y la planificación integral del territorio
  • “Esta carta de navegación señala los impactos ambientales, sociales y económicos que afectan los suelos y las prácticas necesarias para manejarlos de tal manera que el progreso de la región se ciña a los principios del desarrollo sostenible”.
  • “La actualización del estudio general de suelos permite conocer las fortalezas y limitaciones del territorio en aras de superar sus dificultades en el manejo de los recursos naturales. Este conocimiento se traduce en un aumento del nivel de vida de las comunidades rurales del departamento”.

Germán Darío Álvarez, Subdirector de Agrología del IGAC

  • “El conocimiento del suelo y la comprensión de la interacción con los componentes del ecosistema son fundamentales para definir la capacidad de uso de las tierras y evaluar la vulnerabilidad de una región ante la acción de los factores ambientales y la actividad del hombre”.
  • “Esta publicación va dirigida a difundir la información relevante de los recursos naturales del Cesar como insumo para la planificación integral del territorio y el manejo sostenible de sus recursos naturales”.

Julio Suárez Luna, Director de Corpocesar

  •  “Liderar la gestión ambiental en nuestra jurisdicción es una tarea muy amplia que comprende regular el uso de los recursos del suelo, agua y aire en el desarrollo de actividades económicas de los sectores primarios, secundarios y terciarios de la economía”.
  •  “La realización de estudios ambientales y la ejecución de obras del sector deben basarse en los datos del Estudio de suelos del departamento realizado por el IGAC”.
  • “Este estudio optimiza y genera lineamientos para la planificación y el ordenamiento ambiental, territorial y productivo rural, que resulta definitivo para consolidar los procesos de paz en Colombia”.

Cesar en datos

- 25 municipios, 165 corregimientos y 3 inspecciones de policía.

- 1.053.123 habitantes; la mayor parte se ubica en los extremos norte y sur.

- 12 resguardos indígenas (44.833 personas en 180.838 hectáreas).

- La pesca se concentra en el río Magdalena y en las ciénagas.

- Después de la caída de los precios del algodón, el sector agropecuario no ha podido obtener los resultados de otros tiempos.

- En los años 80, los grandes cultivos de algodón, arroz y sorgo empezaron a disminuir, al igual que las zonas cultivadas y la economía.

- La crisis del sector agrícola tuvo sus raíces en la caída de los precios y la rentabilidad de los cultivos, apertura económica y grupos armados ilegales.

- La palma africana pasó de 16.552 hectáreas cultivadas en 1990 a 29.536 en 2005.

- Valledupar cuenta con el mayor número de vacas de ordeño, los mayores rendimientos y producción de terneros y leche.

- La ganadería se desarrolla en zonas planas cercanas a los centros urbanos.

- Cesar tiene el tercer inventario bovino más importante del país y el cuarto en producción de leche.

- La Cuenca del Vallenato, la Sierra Nevada de Santa Marta, el complejo cenagoso de Zapatosa y la ribera del río Magdalena, son sus fuertes turísticos.

- La actividad minera representa el 34 por ciento del PIB del Cesar y genera 3.000 empleos directos.

- Caza indiscriminada, pesca no adecuada, tala del bosque, quema para siembra, tráfico de fauna y ampliación de la frontera agrícola, los mayores impactos ambientales.

- Armadillo, guagua, monos, venados, tinajo, tortugas, iguanas y bocachicos, las especies de animales más vulnerables.

- El territorio ha perdido 65 por ciento de su cobertura forestal, flagelo relacionado con las zonas mineras.

- Es un territorio de riesgo alto por incendios forestales.

- Cuenta con dos cuencas hidrográficas: Cesar y bajo Magdalena, subcuencas como Ariguaní, San Alberto y Lebrija y microcuencas que tributan a los ríos Cesar y Magdalena.

Dentro del conjunto de ciénagas, Zapatosa es la de mayor importancia y extensión. Otras son El Rubio, Domingo, Cascajo, Mata Redonda y Morales.

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